Amore mío!

Querido Charlie: Ayer recibí en la mañana tu carta. Me tomó por sorpresa. La releí todo el día para escucharte, para no perderme ni una palabra. Lloré recapitulando este tiempo a tu lado, descubriéndome fascinada por la belleza de lo vivido, por la honestidad con que mi corazón te atesora. TODO cambia cuando se habla desde el amor.

Cómo puedes pensar que no encajas o que eres un simple adorno, cuando siempre viví para nosotros. Cuantas cosas dibujabas en nuestro panorama, te seguía… Los viajes que proponías, las ideas locas que se nos ocurrían en las noches de conversaciones largas, las caminatas, la bicicleta aunque fuera muriendo de miedo, las películas, los libros, los planes en que hablabas de los dos. Y tú? Tú también me seguías en mis locuras, mis avanzadas sin freno, las ideotas que se me ocurrían y que demandaban un desgaste físico tremendo. Me guiabas y me aconsejabas y yo lo recibía con amor. Tus imperativos no eran un problema. Me encantaban esos que salían de tu boca, de tus manos, de tu ser. Cuando sostenías mi mano y me llevabas, entendía que necesitaba un freno ante tanta velocidad. Tú eres mi día logrado. La paz que necesita mi corazón.

Tienes razón cuando me dices que había situaciones que indisponían el camino, que no podías dejar pasar y no puedo decirte que no era para tanto, porque lo eran y porque tú sientes, retienes y procesas las cosas diferente a mí. Te ofrezco mi corazón triste por haberte causado ese dolor. Me dices que olvido y sí, mi corazón no aguanta tanto voltaje guardando cosas que ya sucedieron y no puedo remediar. No puedo quedarme masticando algo que es imposible cambiar. Pero si me decías que alguna cosa en particular te molestaba, creo que hice el intento de cambiarla, de convertirme en mejor persona para los dos.

Fui tu pareja siempre, en las buenas y en las malas. Incluso en mis malas traté de mantenerme fuerte, con una actitud cálida hacia ti y tal vez en los momentos en que las cosas me superaban, llegaban eso que tú llamas pruebas. Perdóname! También bajé mis armas y como te conté en la otra carta, salté al otro lado del miedo para encontrarme contigo y amarte de la manera en que lo hago.

Mis momentos de absoluta felicidad contigo eran todos, tomarnos de la mano en nuestros sillones mientras veíamos películas, los arrunchis para dormir bien, nuestros masajes, tirarnos al pasto a leer, las caminatas, sentarnos a escoger discos, hacernos sesiones de fotografía, conocer a Chango y a Baricco, alargar las visitas a los museos detallando cada cosa que veíamos, las noches largas de hablar de la vida, las navidades, ser maestros de obra, tu biblioteca, los conos de popsy, el pastel de yuca con cocacola, los atardeceres, nuestros intentos de emprendimiento, las lecturas en tu silla de trabajo, los paseos con Luna y quitarnos los zapatos para sentir el pasto, Monserrate, el cable, las ardillas, los árboles, Palomino, Santa Marta, el Güejar, Mesetas, el desierto, los 32 kilómetros. El amor y las bendiciones de tu mamá, la calidez de tu papá y la locura de mi Chuchuki… y más, mucho más. A la larga fueron más los momentos bellos que los difíciles y en nombre del dolor se olvidan.

Siempre eres tenido en cuenta aunque te empeñes en decir que no, siempre perteneces a este corazón.

También tienes razón cuando dices esto – Me refiero a construir cualquier cosa juntos. Sólo los dos. Iniciando algo. Juntos. Pero ese juntos se diluye… Cuando venía volando hacia acá, pensé tanto en eso. El día que nos encontramos en el Embajador venía tan dispuesta a replantear este camino que nos habíamos forjado y decirte que estaba decidida a que nos fuéramos a aventurar, que tomáramos la maleta y mochileáramos hasta el Salar de Uyuni, que montaras la bicicleta para encontrarnos en algún lugar. Aunque después de ese accidente creo que se va desvaneciendo la cobardía y Alhamdulillah estoy viva para seguir, para seguir aprendiendo, seguir venciendo miedos y estaba dispuesta a montarme en la mía. Vi tantos paisajes para recorrer en bicicleta en Egipto. Ojalá algún día.

Y sí, si te hubieras decidido a abrazarme e imponerte con el RESPIRA y VAMOS, ya estaba lista.

Un abrazo y un beso mi amor! Mi maestro ardillita!

Posdata: Agradezco que los conflictos que tuvimos, nunca tuvieron que ver con minarnos la confianza. Te amo siempre.

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